En todo accidente de tráfico, una vez producido el mismo, es necesario analizar e investigar los factores y causas por las que se puede haber sucedido, distinguiéndose de forma genérica entre causa directa e indirecta. De hecho en muchos atestados que se efectúan por razón del mismo, contienen estas expresiones, siendo relevante conocer su significado y su importancia para determinar quien es el responsable de un accidente y si se le puede considerar el único culpable o existe una concurrencia de culpas que después habrá que concretar.
La causa indirecta o mediata de un accidente es la que participa en su materialización, aunque por sí misma no sea la causa del mismo y hace referencia tanto al vehículo, como a la carretera, como al conductor o peatón.
- Respecto al vehículo, un inadecuado mantenimiento tiene como consecuencia que se produzca un deficiente funcionamiento del mismo, especialmente si afecta a la seguridad, como puede ser, los frenos o neumáticos; o una excesiva potencia que permite circular a velocidades inadecuadas, entre otras muchas.
- Respecto a la carretera y a las condiciones atmosféricas, hablaríamos que se constituye como causa indirecta de un accidente cuando sufre un trazado deficiente o una falta o incorrecta señalización, o su pavimento se encuentra en malas condiciones de conservación. También cuando se puede reducir la visibilidad por la niebla o la lluvia, o el pavimento puede ser deslizante como consecuencia de los anteriores factores climatológicos o de otros como derrames.
- Respecto al conductor o peatón, las deficiencias físicas del mismo, la acumulación del cansancio (viajes largos), deficiencias psíquicas por diversas razones, falta de conocimientos y pericia para la condición de un vehículo concreto, insuficiente conocimiento de las señales de tráfico , etc., pueden ser consideradas también causas indirectas o mediatas del accidente.
La causa directa o inmediata es la que de forma directa interviene en el accidente y se considera como el factor que hubiera podido evitarlo, siendo en la gran mayoría de casos imputables a la persona que ha intervenido. Entre las más frecuentes se encuentran:
- La velocidad inadecuada, distracciones e infracciones.
- Las deficiencias o retraso en la percepción del riesgo.
- Los errores en las maniobras efectuadas para evitar el peligro.
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